Las deudas con la Tierra hay que pagarlas

“Las deudas con la Tierra hay que pagarlas”

 

Por fin podemos hacer público el relato completo de Joaquín Guerrero Guerrero, “Mi viaje por las profundidades de la Tierra”, donde cuenta su experiencia trabajando en el Pantano de los Caballeros (o de Montejaque) como ayudante del Ingeniero Jefe a pie de obra, el suizo Arturo Fliz. Con tan sólo 13 años acabó participando en la llamada “travesía del descubrimiento” que certificó la conexión entre las cuevas del Gato y del Hundidero. Joaquín, acompañando al ingeniero Jefe, fue testigo del momento en que las dos brigadas de obreros –los diez que entraron por Gato y los diez que entraron por Hundidero– se encontraron en mitad de la cueva.

La familia de Joaquín nos ha autorizado a hacer pública una de la copias mecanografiadas del relato para que todo aquel interesado pueda leerlo y para que un documento histórico de ese calibre no siga guardado en un cajón. Como director del “Proyecto Hundidero-Gato” me gustaría agradecer a la familia su generoso gesto y su colaboración en todo momento con nuestro proyecto. Para nosotros, encontrar este relato de Joaquín, ha sido una de las pruebas más importantes de que nuestro “experimento” funciona.

El “experimento” en cuestión, la propuesta básica del “Proyecto Hundidero-Gato” era la siguiente: hagamos un documental sobre Hundidero-Gato y convirtamos todo el proceso en una experiencia de dinamización social.

Es decir, aprovechemos todo lo que se genera y se puede generar en torno a una producción audiovisual de este tipo –que es mucho– para que revierta en beneficio de la comunidad. No nos quedemos sólo con la promoción que supone para la comarca. Impliquemos, por ejemplo, a sus habitantes en la producción para que tomen conciencia de la importancia de su patrimonio. Formemos a jóvenes en materia audiovisual con talleres como el que impartimos de “Realización de Documentales” para los jóvenes de la comarca de Ronda. Inventemos nuevas fórmulas de promoción ligadas a nuestro proyecto, como el “Bus-Film a Hundidero-Gato” que organizamos desde Málaga. Vayamos a los escuelas y hagamos partícipes a los niños/as, como hicimos en el colegio de Benaoján con la actividad “Joaquín y el Gigante”, etc. y así fuimos haciendo camino.

En esa misma línea de acción, pretendíamos que el documental supusiera también un trabajo de investigación sobre Hundidero-Gato y sobre la construcción del Pantano de los Caballeros, no quedarnos con lo que ya se sabe, sino descubrir nuevos documentos, nuevos datos, nuevos testimonios, que ampliaran el conocimiento de la historia local. Por mi experiencia como guionista y realizador de documentales sabía que, a nada que escarbes, aparecen cosas. Pero no esperaba encontrar un documento tan interesante como el relato de Joaquín, “Mi viaje por las profundidades de la Tierra”, que ahora podréis disfrutar. Interesante tanto por su valor histórico, como por los valores narrativos que posee, al tratarse del relato autobiográfico de la aventura épica, casi mitológica, de un niño de 13 años.

En esencia, eso es el “Proyecto Hundidero-Gato”. En realidad no se trata de ningún “experimento” sino que entronca con una estrategia que ya tiene un largo y exitoso recorrido en todo el mundo: “el uso del audiovisual como herramienta para la educación y el desarrollo”. En ese ámbito llevamos trabajando desde hace años con nuestra productora La Ventana Invisible, especialmente en el mundo rural andaluz. Pero en el “Proyecto Hundidero-Gato” hemos puesto un empeño muy especial, por una razón puramente sentimental, nací allí, en un entorno natural absolutamente excepcional, la Serranía de Ronda, que envolvió de una felicidad especial toda mi infancia y me transmitió el amor a la naturaleza. Me crié en Benaoján, a la sombra de ese monstruo subterráneo que es Hundidero-Gato, oyendo historias fantásticas sobre él que alimentaron sobremanera mi vocación de narrador, que me hicieron quien soy. Me sentía, pues, en deuda con la tierra y esas trampas hay que pagarlas.

El “Proyecto Hundidero-Gato” tiene aún más fases por desarrollar, incluido la misma realización del documental, que aún no se ha llevado a cabo por falta de financiación. Un documental profesional de este tipo, que conlleva grabaciones subterráneas de enorme complejidad y riesgo, puede ser muy costoso. Por eso nuestro propuesta desde el principio fue ofrecer gratis todos los medios técnicos de nuestra productora –La Ventana Invisible– así como las labores de producción, guion, realización, edición y música original. Más del 50% del total del presupuesto. Pero, claro, se necesita financiación que cubra todo lo demás. Y hasta ahora ninguna administración pública ha aportado nada. Ni tan siquiera los dos Ayuntamientos directamente implicados, el de Benaoján y el de Montejaque. Lo que se dice, ni un duro. Pero pronto volveremos a la carga. “Perdonen las molestias.”

Las deudas con la tierra hay que pagarlas. Es el mismo sentimiento que inunda también todo el relato de Joaquín, cosa que aumentó mis simpatías por el autor de “Mi viaje por las profundidades de la Tierra”. Por ejemplo, ya en el prólogo dedica su relato a Montejaque:

Mis más profundos recuerdos al pueblo de Montejaque, al que dedico estas memorias. En este pueblo di mis primeros pasos de vida y en su término municipal existe la raíz de esta historia”.

Y al final del relato, en lo que llama “Apéndice”, vuelve surgir ese sentimiento cuando cuenta cómo tuvo que dejar su pueblo para marcharse a estudiar fuera y ya casi nunca regresó:

Esta separación fue para mi un gran dolor, porque ya tenía allí sembrada una semilla, desde donde brota el fruto más sabroso que existe en este planeta, cual es EL CARIÑO. Cariño tenía en mis amigos. Cariño me profesaban todos los obreros que trabajaban en esta obras. Cariño me daba mi superior D. Arturo, cual si fuera un hijo. Cariño parecía que me donaban aquellas aves de rapiña y los tajos que rodeaban aquellos contornos. Cariño, en fin, era todo el aire que respiraba y la oscuridad que existía en la cueva, que era como algo de mi propiedad. Todo era cariño para mi, por eso mi corazón se amargó de dolor cuando me separé de aquel inmemorable lugar. Fue la primera separación angustiosa que en mi vida sufría. A todos les di un fraternal abrazo y, con tiernas lágrimas de niño, les dije adiós. Dolorido de esta despedida, compuse los siguientes versos a todo Montejaque…”

Los versos pueden leerlos, si quieren, al final de su relato, que hoy hacemos público en su totalidad. La otra cuestión que provocó mi empatía con Joaquín, tiene que ver precisamente con esos versos, es decir, con su vocación literaria, narrativa, poética. A Joaquín le gustaba escribir y en su texto se nota como se esmera en que sus palabras seduzcan al lector, al igual que hace un gran novelista. De hecho Mi viaje…no fue el único relato que escribió. Una vez jubilado se dedicó a teclear en su vieja Olivetti otros textos autobiográficos que luego encuadernaba con esmero y regalaba a sus familiares y amigos.

En el caso de Mi viaje…fue escrito en 1986, cerca de sesenta años después de vivir la experiencia que narra. No es extraño que, con ese alma de novelista que tenía Joaquín, el tiempo haya jugado en favor de la recreación literaria en algunos párrafos. Uno de esos momentos en que Joaquín afina su pluma –o engrasa su Olivetti– y pone toda su alma de escritor en cada palabra, es cuando narra el momento en que llega con los obreros a la llamada “Sala de los Gours”, en el interior de Hundidero-Gato. Se trata realmente de un sitio bellísimo y a la vez misterioso, extraño, intrigante… Podéis verlo en la foto que encabeza este post. Así lo describió Joaquín:

Esas piletas parecían cosa sobrenatural. Nos parecía que habían sido puestas allí por la mano del hombre. Todas estaban geométricamente formadas sin variar entre unas y otras ni un centímetro. Nadie pudo saber del material que estaban fabricadas. Eran piedras preciosas. Parecía que tenían diamantes muy valiosos. Reflejaban a la luz de nuestras lámparas igual que de noche reflejan las estrellas en un cielo azul. Parecían esos vestidos lujosos con lentejuelas que de noche se ponen las grandes damas para fiestas. Dese lejos parecían que todas las ninfas de esta cueva habían salido de su escondite para recibirnos y se habían adornado con sus mejores trajes nocturnos. Sólo faltaba una orquesta y entre todos, ante tal magnificiencia, formar una gran fiesta en acción de gracia a la Naturaleza por habernos donado el poder llegar a explorar lo más arcano de sus ser.”

De nuevo, en la últimas frases del párrafo, ese sentimiento de deuda con la tierra, con la Naturaleza. Parafraseando esas palabras de Joaquín, eso nos gustaría que fuese también el “Proyecto Hundidero-Gato”: una gran fiesta en acción de gracia a la Naturaleza por permitirnos explorar lo más arcano de su ser… Y poder contarlo.

Aquí os podéis descargar el relato completo de Joaquín Guerrero Guerrero, “Mi viaje por las profundidades de la Tierra”